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Martín Onti: viento de tramontana en el Camp Nou

BARCELONA, España.- Dicen que el viento frío y turbulento de tramontana en la costa del Mar Mediterráneo pega a veces tan fuerte que vuelve loca a la gente. Claro que sería todo un atrevimiento decir que la atrevida genialidad de Salvador Dalí, viviendo en Cadaqués tanto tiempo, haya tenido que ver con la incidencia del viento y los grados de fuerza que este ejerció sobre la morada que compartió, besando el agua, junto a Gala, en aquel hermoso pueblo de la comarca gironesa, cuna temporal también de tantos otros artistas amigos suyos de la época como los franceses Marcel Duchamp y René Magritte, junto a personajes españoles como Federico García Lorca y Pablo Picasso.

Lo cierto, es que a algo palpable hay que remitirse para acomodar, en nuestro análisis, lo que sucede en Cataluña y poder darle una interpretación que contenga algún sentido de roce con la lógica de esta realidad, aunque sea un fenómeno metereológico como el viento, para comprender este presente.

Este domingo pasado, Cataluña vivió algo muy especial que comienza a percibirse de forma más clara con el paso de los días y donde el fútbol ha sido obligado a politizarse desde las conveniencias de gente que piensa en términos alejados del deporte, a menos que el fútbol sea aceptado políticamente y no nos hayamos enterado aún.

No podríamos referirnos, en este caso, a otro club que no sea el FC Barcelona y todo el estamento que rodea a la entidad blaugrana. Para nada se cuenta la existencia de las otras instituciones que representan a Cataluña en la máxima categoría del fútbol español, como son el Espanyol y el Girona. El palco del Camp Nou es al poder de la región, lo que el palco del Santiago Bernabéu es al gobierno de turno en España, en consecuencia, ahora sí estamos en condiciones de comprender lo que significa la rivalidad entre el Barcelona y el Real Madrid.

La esencia del problema en que se ha transformado el Referéndum del pasado 1º de octubre aquí en Cataluña, tiene una connotación absolutamente política donde el uso y la postura de una entidad deportiva ha sido la base de una campaña que atenta contra el deporte, del fútbol más concretamente, y esto es lo imperdonable. Un hecho que no tiene otro sentido que usar, como una herramienta para fines de intereses particulares, al balón y a jugadores que se desmarcan de identificaciones que distan de sus pensamientos.

El domingo en la soledad del Camp Nou, en el irritable aire del vestuario culé, algo comenzó a gestarse entre compañeros que podría demarcar el futuro azulgrana a nivel de su organigrama interno. La conveniencia de Gerard Piqué, la decisión de Andrés Iniesta de jugar el partido ante la UD Las Palmas, el mutismo de Lionel Messi en apoyo a su capitán y el hartazgo de la mayoría de una plantilla que lo único que pretende es jugar al fútbol, así sople un viento de tramontana con fuerza incomparable, generó una cierta división de intereses que esperemos no vaya en detrimento del "Més que un Club".

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